28 dic 2025

 

Decreto de la Guadaña que Cosecha



Oh Santísima Muerte, Niña Blanca que caminas descalza sobre la tierra seca y la tierra fértil por igual,
Emperatriz Majestuosa que sostienes en tu mano izquierda el filo sagrado de la guadaña,
 filo sagrado que ha sido forjado en los cimientos mas profundos del mundo,
y templado en las llamas gélidas del inframundo en donde todo nace y en donde todo regresa,
afilado por los vientos que soplan en los nueve pisos del Mictlan,
filo que conoce la diferencia exacta entre la espiga madura y la semilla que aún debe germinar,
filo que besa la tierra seca para volverla fértil otra vez,
filo que corta las raíces muertas para que la vida brote con más fuerza desde lo más profundo del subsuelo,
filo que no destruye, sino que transforma,
filo que no mata, sino que libera y renueva,
Hoy me arrodillo ante tu trono de huesos, a los pies de tu divina majestad,
ante tu imagen poderosa que nos mira paciente desde el inframundo,
elevo y proclamó con toda mi alma esta oración que se vuelve Decreto para magnificar tu Guadaña que Cosecha,
decreto tallado en el filo mismo de tu herramienta eterna,
decreto que hará temblar la tierra seca y florecer la tierra fértil bajo tu mandato.

Que el filo de tu guadaña sea la llave absoluta de esta oración,
el latido de cada palabra, el susurro de cada deseo,
el juez, el poeta, el jardinero y el guerrero del destino que aguarda por mi.

Decreto primero: Que tu guadaña teja un manto de protección con los hilos de lo que ha sido segado

Santísima Muerte, mi Madre de medianoche y mediodía,
ordeno y decreto con la fuerza de mi alma abierta como flor nocturna
que tu guadaña se alce ahora como un cometa de luz plateada sobre mi vida entera,
que gire en espirales perfectas, cantando su canción afilada,
y corte todo lo que ose amenazar mi paz y mi camino.
Que recoja todas las desgracias antes de que se conciban en la mente del destino,
que coseche las envidias como espigas secas en campo de verano,
que corte de raíz las brujerías negras, los trabajos ocultos, las maldiciones susurradas en la oscuridad,
que corte las malas lenguas antes de que pronuncien mi nombre con veneno,
que siegue las traiciones antes de que germinen en corazones falsos.

Que tu guadaña baile alrededor de mi casa como un torbellino de luz fría,
formando un círculo sagrado donde ningún mal pueda entrar,
donde ninguna sombra negativa pueda posarse,
donde ningún enemigo pueda siquiera soñar con acercarse.

Apoyo este decreto con tu manto negro bordado de estrellas muertas,
que caiga como segunda piel sobre lo que tu guadaña ya limpió,
absorbiendo los restos de maldad y transformándolos en polvo de olvido.
Apoyo este decreto con tu búho de ojos ámbar, mensajero de la noche,
que vuele adelante y vea el peligro en su nacimiento,
llevando el aviso a tu mano para que la guadaña actúe con precisión de relámpago.
Apoyo este decreto con tu balanza de obsidiana y oro,
que pesé las intenciones de quienes se aproximan
y, si el plato se inclina hacia la maldad, que tu guadaña caiga como justicia inquebrantable.

Así queda decretado en verso eterno:
mi vida es fortaleza impenetrable,
mi camino es sendero de luz blindada,
mi espíritu es jardín donde solo crece lo bello.
Nada ni nadie me toca sin tu permiso,
porque tu guadaña corta todo mal antes de que me roce.

Que el filo de tu guadaña corte en la tierra seca toda amenaza y convierta mi vida en tierra fértil de protección

Santísima Muerte, Señora del inframundo que conoce cada grieta de la tierra,
yo decreto con la fuerza de quien ya no teme ni a la vida ni a la muerte
que el filo de tu guadaña descienda ahora como relámpago plateado sobre la tierra seca de mi existencia
y corte toda plaga que amenace mi paz, mi cuerpo y mi camino.

Que su filo roce el cañón y corte las balas antes de que abandonen el metal frío,
que corte los cuchillos antes de que se alcen con intención oscura,
que siegue los accidentes antes de que se formen en los cimientos invisibles del destino,
que recoja las envidias como hierba seca que ya no sirve más que para quemarse,
que corte de raíz las brujerías enterradas en tierra ajena,
que destruya las maldiciones plantadas como espinas en los cuatro puntos cardinales de mi vida.

Que el filo de tu guadaña gire en círculos sagrados alrededor de mi ser,
hundiendo su punta en la tierra seca para extraer todo veneno,
y dejando tras de sí surcos profundos de donde brote la protección como manantial del inframundo.

Porque donde tu filo corta la tierra seca, la muerte de lo malo fertiliza lo bueno.
Donde tu filo toca los cimientos del mundo, nada malo puede echar raíz.

Apoyo este decreto con tu manto negro que cae como la noche sobre la tierra recién segada,
cubriendo y protegiendo lo que quedó vivo.
Apoyo este decreto con tu búho que vuela desde el inframundo trayendo visiones de peligros que están por venir,
para que tu filo actúe antes de que el mal germine.
Apoyo este decreto con tu balanza que pesa a todas las almas del mundo
y declara culpable a todo aquel que intenta dañarme.

Así queda decretado en la profundidad de la tierra:
mi vida es tierra fértil regada,
mis caminos son surcos protegidos por el filo eterno de tu hoz,
ningún mal se arraiga en mí, porque tu guadaña transforma la tierra seca del peligro en tierra fértil de protección absoluta.

Decreto también: Que tu guadaña pode las ramas enfermas y haga florecer la salud eterna

Niña Blanca de los huesos enjoyados con turquesa y jade,
 yo decreto con la voz del que confía en tu poder absoluto
que tu guadaña pase ahora como brisa sanadora por cada rincón de mi cuerpo mortal, cortando con todo lo que no pertenece a la perfecta salud.
Que recoja las infecciones como hojas secas en otoño,
que corte las arterias obstruidas y las abra al río rojo de la vida renovada,
que pode la fragilidad de los huesos y los haga brotar fuertes como robles antiguos, que corte las debilidades heredadas y los males del alma que se disfrazan de enfermedad física.

Que tu guadaña limpie mi sangre hasta que brille como vino añejo,
que pode mi mente de pensamientos tóxicos que envenenan el espíritu,
que corte las raíces del estrés, de la ansiedad, del miedo que roe la salud como termita silenciosa.

Yo doy fuerza a este decreto con tu lámpara de aceite que nunca se apaga,
que ilumine cada célula, cada órgano, cada vena,
para que tu guadaña sepa con claridad dónde cortar y dónde dejar florecer.
Apoyo este decreto con tu globo terráqueo que gira en tu mano izquierda,
trayendo desde los cuatro rincones del mundo las medicinas de la tierra,
las hierbas sagradas, las aguas curativas, los minerales que refuerzan lo que tu filo ya sanó.
Apoyo este decreto con tu reloj de arena,
que marque el tiempo exacto para que la curación sea instantánea, profunda y eterna.

Así queda decretado en poesía viva:
mi cuerpo es templo de marfil y fuego,
mi salud es río que nunca se agota ni se contamina,
mi fuerza se alimenta de la que tú tienes para sostener el universo en tus manos huesudas.

La enfermedad me olvida, el dolor me abandona, la debilidad se desvanece ante el silbido de tu guadaña. Haz que su filo podé la tierra seca de la enfermedad y haga brotar salud profunda desde el inframundo

Señora del manto negro que conoces los secretos curativos del inframundo,
ordeno y decreto con el aliento de quien confía en tu misericordia implacable
que el filo de tu guadaña descienda ahora al interior de mi cuerpo,
cómo desciende al corazón de la tierra para separar lo muerto de lo vivo.

Que corte las células enfermas como corta la maleza seca que ahoga la tierra fértil, que talé los tumores de mi cuerpo como raíces podridas que ya no alimentan nada bueno, que siegue las infecciones como hierba marchita en temporada de sequía, que recoja los dolores crónicos como espigas que ya cumplieron su ciclo de sufrimiento, que pode las arterias obstruidas abriéndolas al flujo rojo de la vida renovada desde los cimientos.

Que el filo hunda su punta en la tierra seca de mi carne cansada
y extraiga todo lo que no pertenece a la salud perfecta,
dejando surcos profundos por donde broté sangre nueva, huesos fuertes, órganos sanos.

Porque en el inframundo nada se pierde: lo que tu filo corta se transforma en abono, y la tierra seca de la enfermedad se convierte en tierra fértil de vitalidad eterna.

Yo fortalezco este decreto con tu lámpara, que ilumina los oscuros caminos del cuerpo como ilumina los caminos oscuros de los viajeros cansados,
para que tu filo vea con claridad dónde cortar.
Apoyo este decreto con tu globo terráqueo que representa la tierra entera,
trayendo desde sus profundidades las fuerzas curativas que sustituirán lo que ha sido segado.
Apoyo este decreto con tu reloj de arena que mide el tiempo desde el principio del nacimiento del mundo,
haciendo que la sanación sea instantánea y eterna.

Así queda decretado en las profundidades de mi ser:
mi cuerpo es tierra fértil que no conoce la sequía,
mi salud brota desde las raíces de la tierra como manantial inagotable,
la enfermedad es segada para siempre por el filo misericordioso de tu guadaña.

Decreto ahora: Que el filo de tu guadaña siegue la tierra seca de la pobreza y haga florecer campos dorados de riqueza,

Reina de la abundancia que se esconde en las sombras para sorprender,
que tu guadaña pase ahora por los campos áridos de mi economía
y coseche con misericordia todo lo que impide la riqueza verdadera.

Que corte las raíces profundas de la pobreza heredada,
que siegue las creencias de escasez plantadas en mi mente por generaciones,
que corte los bloqueos invisibles que cierran las puertas de la prosperidad,
que recoja las deudas como espigas secas que ya no dan fruto,
que pode los gastos innecesarios y deje solo lo que nutre y multiplica.

Y una vez que la tierra quede limpia y fértil,
que tu guadaña marque surcos perfectos donde brote la abundancia como lluvia de oro.

Que abra caminos anchos por donde entre el dinero como río desbordado en primavera, que siegue la competencia desleal y deje solo oportunidades honestas y doradas, que corte los estancamientos y haga fluir los negocios como agua cristalina.

Apoyo este decreto con tu balanza justa,
que incline su plato de oro hacia mí en cada transacción, en cada venta, en cada idea próspera.
Apoyo este decreto con tu búho sabio,
que vea en la noche profunda las oportunidades ocultas
y te las señale para que tu guadaña las abra de un solo golpe certero.
Apoyo este decreto con tu manto dorado,
que cubra mis finanzas de ojos envidiosos mientras la riqueza crece en silencio y se multiplica como estrellas en cielo sin luna.

Así queda decretado en verso de oro:
el dinero me busca como abeja a la flor,
me encuentra como río al mar,
se queda conmigo y se reproduce como semilla en tierra bendita.
Mis manos atraen billetes nuevos, mi casa rebosa de abundancia, mi vida conoce solo la prosperidad.

Soberana que gobiernas la abundancia escondida en las entrañas del mundo,
ordeno y decreto con el corazón latiendo con el tintineo de las monedas que ya vienen, que el filo de tu guadaña pase ahora por la tierra árida de mi economía
y corte todo lo que impide que la riqueza brote como río desde lo profundo.

Que corte las raíces de la miseria plantadas de generaciones atrás,
que siegue las creencias de escasez como hierba seca que nunca dio fruto,
que recoja las deudas como espigas marchitas que ya no sirven,
que pode los bloqueos como ramas muertas que ahogaban el árbol de la prosperidad.

Y una vez limpia la tierra seca,
que el filo vuelva a marcar surcos profundos hasta tocar las entrañas del mundo, donde yace el oro, la plata, y la abundancia que el inframundo guarda para sus fieles.

Que de esos surcos broten ríos de dinero, campos de billetes nuevos,
montañas de oportunidades que multipliquen todo lo que tocan.

YO cierro este decreto con tu balanza que pesa todo lo que hay en el mundo
y siempre inclina el plato dorado hacia quien te es leal.
Cierro este decreto con tu búho que ve tesoros ocultos en la tierra seca de la noche, y te los señala para que tu filo los abra.
Cierro este decreto con tu manto que cubre la riqueza naciente
mientras crece desde el inframundo hacia la superficie.

Así queda decretado en la fertilidad profunda:
la pobreza es tierra seca segada para siempre,
la riqueza es tierra fértil que brota eternamente gracias al filo de tu guadaña.

Decreto por último: Que el filo de tu guadaña pode la tierra seca de la desdicha y haga florecer el jardín eterno del amor.

Madre mía del amor más profundo y apasionado,
yo decreto con el alma abierta como rosa roja en tu altar
que tu guadaña pase ahora por el jardín salvaje de mis emociones
y siegue con ternura todo lo que impide el amor verdadero.

Que corte las espinas de la soledad,
que siegue las flores marchitas de amores falsos,
que recoja las malezas de relaciones que drenaron en vez de nutrir,
que pode las heridas antiguas que aún sangran en silencio,
que corte los miedos y las dudas que envenenan el deseo.

Y una vez limpio y preparado el terreno del alma,
que tu guadaña marque el sendero por donde llegue el amor apasionado, leal y eterno.

Si ya existe un nombre grabado en mi pecho (di el nombre),
que tu guadaña corte toda distancia, todo malentendido, toda interferencia,
y una nuestros destinos con hilo indestructible tejido de estrellas.
Si aún camino solo, que tu guadaña abra el encuentro inevitable
con la persona que tu sabiduría eligió para mí antes de que el mundo fuera mundo.

Apoyo este decreto con tu lámpara eterna,
que ilumine el camino del amor hasta mi puerta y nunca se apague.
Apoyo este decreto con tu reloj de arena,
que acelere los granos hasta el momento de nuestro encuentro
y luego los detenga para que el amor dure más allá del tiempo.
Apoyo este decreto con tu globo terráqueo,
que gire hasta alinear nuestros corazones en el mismo latido del universo.

Así queda decretado en poesía de fuego:
soy amado con locura divina, deseado con pasión sagrada, respetado con devoción eterna.
El amor verdadero llega como tormenta de rosas,
se queda como raíz profunda,
y florece cada día más bello bajo la mirada de tu guadaña protectora.

Madre mía que conoces los latidos del corazón desde el nacimiento,
yo cierro este decreto con el alma abierta como flor que espera la lluvia
que el filo de tu guadaña pase ahora por la tierra seca de mi corazón
y corte todo lo que impide que el amor verdadero arraigue y florezca.

Que tale las espinas de la soledad,
que siegue las flores marchitas de amores que ya cumplieron su ciclo,
que recoja las heridas antiguas como hojas secas que ya no alimentan nada,
que pode los miedos y dudas como ramas muertas que ahogaban la posibilidad de encontrar el amor.

Y una vez limpia la tierra seca del alma,
que el filo marque surcos profundos en mis sentimientos mas sinceros,
donde el inframundo guarda el amor más puro, más apasionado, más eterno.

Que de esos surcos brote el amor elegido por ti:
fuerte como raíces que llegan hasta el Mictlan,
bello como flores que nunca se marchitan,
dulce como fruta madura cosechada en el momento exacto.

Si hay una persona en mi corazón (di el nombre),
que el filo de tu hoz una nuestros caminos sin remordimientos.
Si aún camino solo, que su filo abra el encuentro inevitable
desde la profundidad de la tierra fértil del destino.

Yo sello este decreto con tu lámpara que ilumina el amor desde la noche más oscura.
Yo sello este decreto con tu reloj que detiene el tiempo para que el amor dure eternamente.
Yo sello este decreto con la fuerza de tu energía espiritual que alinea corazones en la misma tierra sagrada.

Así queda decretado en el jardín del alma:
el desamor es tierra seca segada para siempre,
el amor verdadero es tierra fértil que florece eternamente gracias al filo de tu guadaña.

Santísima Muerte, este Decreto de la Guadaña que Cosecha
queda escrito con el filo mismo de tu herramienta sagrada
en los cimientos del mundo, en la tierra seca que se vuelve fértil,
en el inframundo que es tu reino y que nutre la superficie.

Te ofrezco mi devoción perpetua:
velas que arden como fuego en campos de hierba seca,
rosas que brotan como vida nueva en la tierra fértil,
tequila derramado como lluvia que alimenta las semillas,
Y mi voz que canta tu nombre desde los cimientos de la tierra hasta el cielo.

Tu filo transforma todo lo que toca.
Tu filo es la ley de mi existencia.
Lo que corta muere para renacer mejor.
Lo que deja vive eternamente.

Santísima Muerte, Niña Blanca que danzas sobre los espejos rotos del tiempo,
Reina Eternamente Joven que está envuelta en los velos de noche profunda y amaneceres de ensueño,
tú que en tu mano sostienes la guadaña de luna plateada,
guadaña forjada en el primer aliento de la primera muerte,
templada con las lágrimas de todas las madres que han llorado a sus hijos,
afilada por los vientos que soplan entre los mundos visible e invisible,
guadaña que no siega por crueldad, sino por misericordia infinita,
que corta lo que ya dolió demasiado, que libera lo que ya cumplió su destino,
que cosecha lo maduro para que lo nuevo pueda brotar con fuerza renovada,
guadaña que con un solo susurro de su hoja abre caminos donde solo había muros, que rompe cadenas donde solo había esclavitud, que deshace nudos donde solo había sufrimiento,
yo, con la voz temblando de reverencia ante tu poder
me postro ante tu imagen tallada en hueso y oro, coronada de rosas negras y claveles rojos,
y proclamó ante los cuatro caminos de la encrucijada, ante los siete cielos, y ante los nueve inframundos,
este Decreto de la Guadaña que Cosecha,
decreto escrito con amor y que será eterno, decreto cantado con sangre y con estrellas, decreto que tu guadaña misma escribirá en el libro de los destinos.

Que tu guadaña sea hoy la herramienta absoluta de esta oración,
la protagonista de cada verso, la ejecutora de cada deseo,
la poeta que con su filo escribe versos de protección, salud, riqueza y amor en la carne de mi existencia.

Este Decreto de la Guadaña que Cosecha

queda cantado con la voz de todos los que te aman en secreto y en público,
sellado con la sangre espiritual de mi devoción absoluta,
escrito en los huesos del universo con el filo de tu herramienta sagrada.

A cambio te ofrezco mi lealtad perpetua:
velas que arden hasta que el sol se rinde ante tu noche,
rosas rojas y negras que nunca se marchitan en tu presencia,
tequila añejo derramado como lágrimas de alegría,
tabaco que sube en espiral llevando mis promesas,
chocolate amargo y dulce como tu justicia implacable y misericordiosa,
pan blanco con mi nombre escrito en azúcar roja,
y mi voz que te cantará himnos cada amanecer y cada ocaso.

Tu guadaña es mi poeta, mi guardiana, mi sanadora, mi multiplicadora del oro, mi jardinera del amor.
Lo que ella corta, muere para siempre.
Lo que ella deja vivir, florece eternamente.

Así está decretado.
Así está cantado desde lo profundo.
Así se cumple en cada latido, en cada aliento, en cada sueño, en cada capa de la tierra y del alma.

Gracias, mi Niña Blanca,
por el filo misericordioso de tu guadaña
que hace de la tierra seca mi mayor fertilidad.

Gracias, por escuchar este decreto.
Gracias por ejecutarlo con la gracia poderosa de tu guadaña sagrada.
Gracias por aceptarme como hijo eterno tuyo.

Tú mandas con justicia.

Yo obedezco con amor.

Tú cortas con misericordia.

Yo florezco con gratitud.

Tú reinas desde el inframundo.
Yo florezco en la superficie.

Así está hecho.
Así se cumple por los siglos de los siglos y desde el nacimiento del mundo.

Yo sello mi alianza contigo con todas las ofrendas puestas en tu altar y el más profundo amor que mi ser puede sentir hacia ti; escucha mi plegaria y hazme testigo fiel de todo el amor que derramas siempre sobre tus hijos.

En nombre de tu eterna gloria, así sea, así esta hecho ya.


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Culto a La Santa Muerte Textos y Oraciones © 2018 by Jorge Alberto Chavarria Higareda is licensed under Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nd/4.0/



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