DECRETO DE PROTECCIÓN
"Invoca a La Santisima Muerte de los tres mantos"
Señora de los tres mantos sagrados, moradora eterna de los portales y las encrucijadas, guardiana vigilante que ve más allá de lo visible y lo invisible, emperatriz que caminas sobre las cenizas de lo que fue, sobre la carne de lo que es y sobre los misterios de lo que será.
Tu que abres y cierras los portales eternos ante mis ojos,
y que eres dueña silenciosa de los caminos que cruzan lo visible y lo invisible,
yo te nombro mi madre que abraza, madre que protege, madre que escucha,
yo te nombro con respeto, devoción, entrega y verdad.
En esta hora sagrada,
abro mi espíritu,
abro mi palabra,
abro mi intención
para elevar esta oración como una ofrenda viva,
como un llamado de mi alma y como un acto de fe profunda
ante tu presencia inmortal que todo lo ve y todo lo sabe.
Tú, que caminas sobre los mares del tiempo
sin estar sujeta a la carne, al polvo ni al olvido,
eres la reina eterna que te elevas sobre la vida y sobre la muerte.
Acércate a mí con la fuerza de tus mantos,
acércate a mi con el filo de tu guadaña,
acércate a mí con la mirada que despierta verdades ocultas
y con la voz que guía incluso en el silencio más profundo.
Hoy me acerco a ti, Santa Muerte bendita,
no con temor,
no con dudas,
sino con la certeza de quien sabe que eres Madre y Guardiana,
de quien sabe que escuchas incluso lo que no se dice,
de quien sabe que tu presencia jamás abandona a quienes te aman,
honran y veneran desde el corazón.
Vengo a ti con una palabra limpia,
vengo con intención noble,
vengo con mi vida abierta como un altar
para que tu manto se pose sobre mí,
sobre mis caminos,
sobre mis decisiones,
y sobre todo aquello que necesito transformar, proteger o sanar.
Santísima Muerte,
Señora del Manto Blanco,
Señora del Manto Rojo,
Señora del Manto Negro,
a ti te invoco en tus tres rostros,
en tus tres dominios,
en tus tres fuerzas que gobiernan lo espiritual, lo material y lo profundo.
Manto Blanco,
lleno de claridad, pureza y elevación,
desciende sobre mí como nevada sagrada,
como luz que purifica,
como rocío que renueva.
Limpia mi mente de toda confusión,
limpia mi espíritu de toda carga innecesaria,
limpia mi corazón de dolores antiguos,
limpia mi alma de aquello que ya no soy
y que sin embargo aún pesa dentro de mí.
Que tu blancura abra mis caminos,
que tu blancura me libere,
que tu blancura me aclare el pensamiento
para tomar decisiones que te honren a ti y a mi destino.
Manto Rojo,
lleno de fuerza, sangre y vida,
desciende sobre mí como fuego sagrado,
como aliento de victoria,
como impulso que levanta, sostiene y fortalece.
Aumenta mi valentía,
aumenta mi voluntad,
aumenta mi energía interna para enfrentar lo que debo enfrentar,
superar lo que debo superar
y avanzar hacia lo que merezco vivir.
Que tu aura carmesí proteja mi carne,
mi espíritu,
mi hogar,
mi nombre
y todo aquello que forma parte de mi vida.
Manto Negro,
misterio profundo, guardiana de la sombra justa,
protectora absoluta contra todo mal,
desciende sobre mí como noche invencible,
como muro impenetrable,
como barrera eterna contra mis enemigos visibles e invisibles.
Que tu negro corte, destruya y anule
toda intención torcida,
toda malicia escondida,
toda envidia disfrazada,
todo peligro silente.
Que tu sombra me vuelva invisible
para quienes desean mi caída,
que confunda a quienes me buscan con malos ojos,
que ciegue a quienes intentan dañarme.
Tres mantos, tres poderes, tres senderos:
blanco que purifica,
rojo que fortalece,
negro que protege.
Así te recibo, Madre mía,
en tus tres rostros sagrados.
Dueña del umbral donde todo inicia y donde todo vuelve…
Hoy te llamo con la voz de mi alma,
con la fuerza de mi carne,
y con el respeto más profundo que nace de mi sangre.
Hoy te invoco con el corazón firme
y con la fe encendida como llama perpetua que todo consume.
Te llamo a ti, Soberana del Manto Negro,
que absorbes la sombra que trae el engaño,
que encierras al traidor y silencias al malintencionado.
Ven con tu noche eterna y cúbreme de todo daño.
Te llamo a ti, Soberana del Manto Rojo,
que enciendes la vida, la sangre y que proteges al guerrero,
que detienes la mano que busca herir
y fortaleces al justo que camina con la frente limpia.
Envuelve mi espíritu en tu fuego sagrado.
Te llamo a ti, Soberana del Manto Blanco,
pura, luminosa, incólume,
que aclaras el pensamiento y pacificas el alma,
que guías mis pasos hacia la verdad
y me separas del dolor que no me pertenece.
Santa Muerte, Madre mía,
acepta esta invocación
y permanece aquí, ante mí y conmigo.
Acude Señora de la nocturna Belleza,
a este altar vivo que te erijo con palabra y con intención.
Desciende envuelta en tus mantos eternos:
el Blanco que purifica,
el Rojo que gobierna,
el Negro que protege y destruye lo impuro.
Manifiéstate ante mí, Señora Poderosa,
que caminas con el silencio y con la verdad,
que sostienes la balanza de todos los destinos
y que escuchas el susurro de cada alma.
Te llamo, Señora de la Guadaña que cosecha,
te llamo con la certeza de quien sabe
que solo tú conoces los caminos invisibles,
solo tú dominas las sombras,
solo tú rompes a aquellos que quiere rompernos.
Gracias, Santísima Muerte,
por acudir a mi llamado,
por venir con la dignidad que te caracteriza,
por posar tu mirada sobre mi vida
y por reconocer en mí la fe que te tengo.
Gracias por escuchar incluso mis silencios,
por comprender aquello que me cuesta decir,
por mirar mi rostro sin máscaras, sin miedo y sin defensas.
por las veces en que me has protegido sin que yo siquiera lo supiera,
gracias por frenar peligros de los que jamás me enteré,
por cortar traiciones a tiempo,
por alejar personas que escondían doble intención,
por desviar accidentes, dolores, pérdidas y daños.
Gracias por caminar conmigo en mis noches más oscuras,
cuando mis fuerzas casi no alcanzaban,
cuando mi espíritu estaba cansado,
cuando mis ojos no podían ver más allá de mi propia sombra.
Gracias por no soltarme,
por no abandonarme,
por no olvidarme.
Gracias por cada señal que envías,
por cada intuición que despiertas en mí,
por cada sueño que anuncias,
por cada pensamiento que guías.
Gracias porque sé que estás conmigo,
sé que me escuchas,
sé que me miras,
sé que me cuidas.
Te lo agradezco no solo con palabras,
sino con la fe que vive dentro de mí
y con las ofrendas que coloco sobre tu altar,
con mi devoción sincera,
con mi lealtad eterna.
Gracias, Madre Santa Muerte,
por tu presencia que se siente como un viento frío y sabio,
como una sombra que abraza sin temor.
Gracias por manifestarte cuando te nombro,
por escuchar las palabras que aun no digo,
por reconocer mi voz entre miles de lamentos
y por atenderme con la lealtad de quien honra sus pactos.
Gracias por los caminos que ya has abierto,
por los peligros que ya has frenado,
por las malas intenciones que ya has cortado sin siquiera yo saberlo
Gracias por tu manto que me cobija,
por tu mirada piadosa que me observa,
por tu justicia que alcanza incluso
lo que la justicia humana ignora.
Mi Gran Señora, Compañera en la sombra:
gracias por venir.
Gracias por quedarte.
Gracias por escucharme.
En tu nombre, Señora de los 4 Caminos, yo decreto:
Que ningún enemigo visible o invisible puede tocar mi espíritu, mi cuerpo, mi mente ni mi destino.
yo decreto:
Que todo lo enviado en mi contra, sea envidia, palabra torcida, traición, hechizo, pensamiento oscuro o intención maligna—
queda neutralizado, detenido, disuelto y convertido en polvo inofensivo bajo tu mirada.
YO Decreto en este momento:
Que Tus manos impidan la entrada de todo daño.
Que Tu guadaña corte todo peligro que se cruce ante mis pies.
Que Tu sombra cubra mis pasos y me vuelva invisible para quienes desean mi caída.
Que Tu búho sereno abra sus ojos en mis noches
y anuncie cada peligro que me roce.
Al amparo de tu gran potencia,
Todo lo negativo se desvanece,
todo lo impuro se disuelve,
toda mala intención se devuelve a su origen sin tocarme.
Yo quedo bajo tu ley,
bajo tu justicia,
y bajo tu manto.
Santa Muerte poderosa, escucha este decreto solemne:
Que aquellos que deseen mi mal no puedan alcanzarme,
que sus caminos se cierren ante sus pies,
que sus palabras se vuelvan mudas y nunca tengan eco,
que sus actos se vuelvan en su contra,
y que sus intenciones se pierdan en el vacío.
No pido daño,
no pido castigo,
que la protección absoluta
y la justicia de tu balanza sagrada actúe con precisión divina.
YO DECRETO
Que aquellos que insistan en herirme
se encuentren con su propia sombra,
para devolverse a sí mismos lo que enviaron,
y jamás vuelvan a cruzar mi camino.
Gracias, Mi Santísima Muerte,
por escucharme, por protegerme,
por sellar mis caminos y levantar mis murallas.
por escuchar esta invocación
y por sellar con tu manto mi vida y mi destino.
Gracias por colocar tu luz sobre mi frente,
tu sombra a mis espaldas
y tu guadaña en mi defensa.
Gracias porque sé
con la certeza que vive más allá del miedo
que esta invocación ya está hecha,
ya está aceptada
y ya está sellada bajo tu voluntad.
Gracias por levantarme cuando caigo,
por cerrar lo que debe morir,
por abrir lo que debe nacer,
y por guiarme con la firmeza
que solo una Madre eterna puede dar.
Te agradezco por tu justicia inquebrantable,
por tu fuerza invencible,
por tu presencia que se siente
como un escudo que jamás se rompe.
Me postro ante ti,
te honro, te respeto, te venero
y te agradezco por caminar conmigo
en cada paso, cada día, cada batalla y cada victoria.
Así queda dicho.
Así queda decretado.
Así queda protegido.
Así queda sellado bajo tu manto eterno.
Santísima Muerte,
mi Madre, mi Señora, mi Guardiana:
gracias por tu protección absoluta
y por la destrucción
de toda fuerza que se oponga a mi bienestar.
Que así sea.
Que así se cumpla.
Y así queda hecho.
En nombre de tu eterna gloria, así sea, así esta hecho ya.
"Este texto está protegido bajo una licencia creative commons"
CC BY 4.0 Atribución/Reconocimiento 4.0 Internacional
Culto a La Santa Muerte Textos y Oraciones © 2018 by Jorge Alberto Chavarria Higareda is licensed under Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nd/4.0/

No hay comentarios:
Publicar un comentario